La oración diaria, la conversación, compartir la fe, las tareas, las comidas, la recreación y la atención mutua son los componentes básicos de la vida en una casa de los frailes. Las alegrías, las luchas, y las lecciones de vida fraterna a menudo son el fundamento de la humildad y la conversión del corazón, virtudes que están destinadas a preservar la autenticidad del ministerio franciscano.

Al final, los franciscanos se esfuerzan por modelar una "fraternidad en la misión", que anima a todas las personas a estar abiertas a la posibilidad de relación donde antes no había relación, en fomentar la paz en los lugares donde hay desconfianza y violencia, en afirmar el valor de la diversidad cultural, el liderazgo compartido, y la expresión creativa del amor de Jesucristo.

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